21 noviembre 2007

Cuento, página 1

Amanda dormía plácidamente en su habitación de niña de seis años, llena de sus juguetes, libros y muebles de Ikea, elegidos todos por ella. Vivía sus sueños junto a los compañeros de siempre, aunque ella no lo sabía, pues al despertar lo soñado se escapaba por la puerta de atrás de su memoria. Tan sólo le quedaba la dulce sensación de un buen sueño.

Así pues, esa noche se encontraba en el prado del Barón, jugando con Roberto, espadachín escocés sin igual, Gune, la chica gato, Ervig, un topillo tan alto como Amanda, y Zuny, un pájaro de plastilina que no sabía cantar, pero sí soltar pompas de jabón.

De pronto, mientras todos corrían entre los árboles que formaban el Bosquecillo de la fuente, una sombra cubrió a la niña, llenándola de frío y temor. Y despertó.

Tan sólo para encontrarse frente a una cara blanca, con dos agujeros negros a modo de ojos, fijos en ella, y una boca llena de dientes puntiagudos.

¿Qué hace la niña?

A. Grita.

B. Salta de la cama

C. Golpea a la cara

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Now playing: Cowboy bebop - The Egg and I
via FoxyTunes

09 noviembre 2006

Noche

Llevo demasiadas horas despierto. Espero al autobús frente a "El Corte Inglés", y veo hileras de ventanas estrechas. En algunas de ellas hay luz, y una en concreto me tiene absorbido: un objeto, o serie de objetos, de colores rojizos se mostraban por la ventana, y me da la sensación de que bailan, se mueven dando pequeños círculos rítmicos, acunando mis sentidos.

Necesito dormir ya, pero no llegaré a casa hasta las dos.


24 octubre 2006

En el patio

Se han puesto todos a gritar y a correr. “Ah, ah, ah”, de un lado a otro, creo que alguno ha entrado en el edificio. A ver..., sí, dos, pero no sé quienes son.

Aunque no todos corren y gritan, por ahí uno está vomitando, hay un par de histéricos y, ¡ay!, como siempre, tenemos a los morbosos, que no pueden dejar de mirar. Creo que Carlos quiere tocarme, se atreve, no se atreve, deshoja la margarita. Siempre que se decide, Antonio le detiene. “No, ¿qué haces? ¡No le toques!” Y Carlos retrocede. Jodido Antonio.

Soy el centro de atención. Completamente inmóvil, con los ojos bien abiertos, fijos en un hermosos cielo azul, con nubes blancas y esponjosas. Un líquido bermellón me rodea, no es muy fluido; mira que llega a ser espesa la sangre, oye. Aunque no es que la note, la verdad.

Bueno, Carlos por fin se ha decidido a acercarse a mí y ha pisado mi sangre, consiguiendo que Antonio tenga los ojos más abiertos que los míos, es increíble. “¡Ah, ah, has pisado su sangre!”, grita y grita. Y los pocos que se habían quedado a mirar se unen a los histéricos. ¡Joderos, por imbéciles!

... bueno, estoy solo. Eh, no, Sergio está desmayado a unos veinte pasos. ¡Nenaza! ¡Todos vosotros! A ver, ¿cómo se puede jugar al Valle de la Muerte sin un cadáver? Pues por eso me he abierto la cabeza.

¡Ah, me aburro, no viene nadie! Aquí se queda mi cuerpo gordo, ahora haré lo que me dé la gana. ¡Uuuh, qué cosquillitas! Es chulo esto de atravesar paredes. Mmm, qué alguien apague esa luz, que es demasiado brillante.

¿Hola?

¿Hay alguien ahí? ¿Hola? ¿Holaaaaaaa?

18 julio 2006

En el hoyo 2 - Dolor

Una piedra afilada me saluda y me sonríe, llegando incluso a hacerme un guiño. Que descaro. La ignoro. Me silba. ¿Por qué insiste tanto en llamarme la atención?, me pregunto. Y entonces lo entiendo todo. Cojo la piedra y hago un corte profundo en mi torso, dejando fluir la sangre. Duele, pero únicamente es físico, una nimiedad comparado con el dolor del alma. Dejo que mis dedos jueguen en la herida y se unten con el líquido carmesí. Lo miro con curiosidad; es hermoso, pero sólo si es tuyo, si no causas dolor a nadie más. Y me pongo de puntillas, marcando un raya en la pared, con la esperanza de que, algún día, pueda superarla.

Sin darme, cuenta, con mi sangre, con mi dolor, he borrado algunas de aquellas palabras que me herían, y he dejado de hundirme. No estoy seguro, pero tal vez incluso me he elevado ligeramente hasta la salida. No lo sé, ya lo averiguaré otro día, hoy ya estoy cansado.

14 julio 2006

En el hoyo 1 - Abajo

Lloro sin lágrimas, hundido en lo más hondo del hoyo. Y eso que en este día tendría que estar contento. ¡Porca miseria!

Vuelvo a mirar a mi alrededor, pera ver las duras y ásperas paredes de piedra que me mantienen encerrado. Hasta mis oídos llegan las risas alegres y el canto de los pájaros. Aunque me tienta, no quiero volver a levantar la cabeza. Sé lo que vería: un cielo de ensueño, azul y limpio, con nubes de algodón, y la hierba verde asomándose justo al borde del pequeño abismo. Tendría que estar fuera, ¿qué me lo impide?

Ya que tengo tiempo, me dedico a mirar más fíjamente las paredes de mi prisión. Están cubiertas palabras. Al principio no entiendo lo que dicen pero, cuanto más miro, más me sangra el corazón, nuevas palabras aparecen y las risas se alejan de mi alcance. Y yo no puedo hacer nada más que llorar lágrimas negras.

07 junio 2006

Oh, vaya, es primavera 6

Pasa la Navidad, que ha dejado nuestra cuenta corriente temblando, y nos encerramos bajo nuestras mantas, en unos días breves y grises. Comemos aún los restos de las cenas de las fiestas, que llegan a oler peor que los calcetines después de una maratón en agosto. Pero aguantamos, todo sea por ahorrar. ¿Y para qué? Para gastarlo en toda la serie de eventos que surgen como setas cuando hace buen tiempo: BAFF, Sonar, Primavera Sound, FIB, ... Por no hablar de las rebajas de Julio. Pero eso ya cae fuera de la Primavera.

06 junio 2006

Oh, vaya, es primavera 5

La temperatura crece de manera proporcional a la superficie de piel mostrada por las mujeres. Las hormonas, recluidas tranquilamente en mis glándulas a ver la televisión y jugar a las Play, corren ahora desesperadas por mis venas y se concentran en mis genitales. Paseando por las Ramblas, se descubre una ley general de la física: cuánto turista es una mujer, menor cantidad de ropa lleva encima. Siempre que tengo que ir a Maremagnum, me veo obligado a inyectarme una caja de tranquilizantes. Estoy decido, de mayo a octubre me iré de okupa a la cabaña de Santa Claus, a jugar a la Play con los renos, que con las pezuñas no son capaces de ganarme a Need for Speed.